“Se conocieron en el aire y se casaron antes de llegar al suelo”: el Woody Allen literato es incluso mejor que el Woody Allen cineasta.
Hoy o ayer (las pastillas me hacen perder un poco la noción del tiempo) encontré un blog dónde se recogían (y ofrecían) nicks ingeniosos para el messenger. El nombre y la foto son, sin lugar a duda, cruciales. Pueden hacerte quedar como un idota, un ñoño, un heavy o incluso como alguien que merece la pena. Recuerdo aquella época cuando cada día buscaba una frase distinta, (inteligente graciosa o culta, en la medida de mis posibilidades) sólo para atraerte a una conversación. Mis planes siempre están orientados a hacerte pensar que eres tú quién da el primer paso, cuando yo ya di cuatrocientos. No podías no encontrarme, estaba todo preparado.
Victoria está en el norte desde hace días y yo apenas salgo, sólo bebo té y leo a Zizek ["lo opuesto a la existencia es la insitencia (...) aunque lo que no he hecho no existe, su espectro sigue insistiendo"]. Sin embargo, esta noche tenía un plan: tomar unas cervezas con éstos. Estaría allí Marta. Está detrás de mí desde hace ya más de un año, pero es tan engreída… para ella es muy desconcertante que no le haga ningún caso, por eso me lanza unas miradas extrañísimas mientras baila borracha cada fin de semana o salta enfuerecida con cada comentario (de lo más banal) que hago. Supongo que le habrá parecido intolerable mi ausencia de hoy, pero se le pasará. Mañana estará intentando otra vez venderme su mezcla de inaccesibilidad y provocación sexual mientras trato de beber una copa con la mirada.



