Me encantaría ser chica o, más bien tener cuerpo de chica, un cuerpo femenino y bonito para pasearlo desnudo todo el día por la casa y obligar a mis vecinos a espiarme. Ella sí que tiene un cuerpo bonito, por eso le pido que se quede quieta de madrugada frente a los cristales del mirador, con las luces encentidas, mientras yo, a su espalda, le voy quitando toda la ropa. Desde que estamos juntos apenas me masturbo, miro en flickr fotos eróticas para inspirarme y le pido que pose para la cámara de mi teléfono móvil. Ella, curiosamente, siempre quiere hacerlo.
Archivo para la fiebre categoría
El cristal con que se mira
Publicado en ansiedad, fiebre, palabrería el Noviembre 24, 2008 por myolastanTe pediría en un cartel indicador que me pintaras tu nombre y una flecha
Publicado en ansiedad, fiebre, las partículas elementales el Mayo 3, 2008 por myolastanHace una semana formamos un águlo recto, tú tumbada en mi alfombra y yo mirando desde arriba. Lo único que puedo recordar de aquel día son tus pantalones un poco bajos dejando a la vista el principio del pubis perfectamente depilado y la etiqueta de cerveza que decoraba mi frente como una insignia, mi primer significante, mi targeta de presentación.
La pupila archivó tu imagen, desde entonces mis ojos están en todos los ojos, ¿recuerdas la metáfora de la mirada y el poder? soy un pequeño Stalin. (Mucho menos autoritario). Puedo verte siempre, no puedo dejar de verte. Te vigilo desde la televisión (Baudrillard estaba en lo correcto), desde los carteles publicitarios de la calle. Me cuelo en tus espacios más íntimos, siempre al otro lado del espejo. Soy el monstruo que habita en los armarios y debajo de las camas donde duermes.
Su coño era blando como un software
Publicado en ampliación del campo de batalla, fiebre, palabrería el Diciembre 15, 2007 por myolastanNo soy yo quien escribe, es la fiebre.
La fiebre y la lanza.
Ella es adicta a la coca cola y dentro de poco a mí, lo noto. Ella se obsesiona con todo movimiento, suerte tuve de estar en su campo de visión, todos los focos aputaban a la fiebre. Ella atravesaba con la mirada aquella mesa llena de comida y vino para clavarse en la fiebre. Ella ha estado acariciando la fiebre toda la noche mientras yo deliraba en sudor, la coca cola apartó a la lanza del sueño, pero sus manos y su coño eran blandos como un software. Ya estamos enredados en la ampliación del campo de batalla, pero cuando se acaba la fiebre, la lanza (aún) nunca ha exisitido.


