Tu extrañeza es el principio de mi incertidumbre
No consigo retirarme del blog, la navidad es una época convulsa y, por lo tanto, un buen momento para escribir cosas. Victoria está de regreso en su ciudad, al norte del norte, y Blanca ha venido a visitarnos, mientras, yo muestro una horrible (aunque curiosa) inadaptación al medio.
La relación con Victoria es de lo más convencional: durante la semana somos compañeros y luego, el sábado o el domingo, quedamos y follamos. A mí ha empezado a aburrirme un poco, la verdad. Follar nunca me ha parecido una práctica demasiado divertida. Un rato está bien, pero luego cansa. Es siempre lo mismo, lo hagas con quien lo hagas. Está todo demasiado pautado, demasiado establecido. No sabemos hacer más que imitar aquello que vemos en las películas porno. Me excita más simplemente ver a una chica sin ropa que follar con ella.
La confusión es un primer estado del conociento. Me calientas como a una taza de té, me pones azúcar y, después, me apartas a un lado. Tu extrañeza es el principio de mi incertidumbre. Me haces girar a ritmo con la cucharilla. Acabas por beberme y consigo circular por tu sangre durante un rato, hasta hacerme parte de ti. Paso ausente por habitaciones en las que me gustaría poder ser invisible. Me paro en tus mofletes rojos, te doy los buenos días y anochezco.
Un domingo más y sigo vivo, o eso espero.
