Su coño era blando como un software

No soy yo quien escribe, es la fiebre.

La fiebre y la lanza.

Ella es adicta a la coca cola y dentro de poco a mí, lo noto. Ella se obsesiona con todo movimiento, suerte tuve de estar en su campo de visión, todos los focos aputaban a la fiebre. Ella atravesaba con la mirada aquella mesa llena de comida y vino para clavarse en la fiebre. Ella ha estado acariciando la fiebre toda la noche mientras yo deliraba en sudor, la coca cola apartó a la lanza del sueño, pero sus manos y su coño eran blandos como un software. Ya estamos enredados en la ampliación del campo de batalla, pero cuando se acaba la fiebre, la lanza (aún) nunca ha exisitido.

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