Pereza y ampliación del campo de batalla
Vuelvo, tras varios meses de pereza, ampliaciones del campo de batalla y relaciones sexuales con la máquina burocráctica.
Victoria cayó finalmente en mi cama allá por septiembre y desde entonces no ha salido, aunque cada vez la voy econtrando más pequeñita; además, he aprendido a verme a través de sus ojos y cuando lo hago sólo puedo apreciar a un voyeur silencioso, arrogante y algo drogadicto. Enfrentamos nuestras versiones más enrarecidas: esto puede durar para siempre o haber acabado antes de empezar o también las dos cosas.
Blanca, por su parte, vuelve para seguir colonizando inoportunamente mis sueños, mis duchas, mis desayunos, mis viajes de autobus, mi lecturas en la biblioteca, mis comidas, mis lecturas en la biblioteca, mis viajes en autobús, mis cenas y mis sueños. Mis relaciones con lo real, lo imaginario y lo simbólico, con el mundo material, ideal, ficcional, humano y no humano; con todo esto y con lo que falta.
Anoche bebí cuarenta y tres o sesenta y cuatro tubos de cerveza, quizá sea esa la causa del temblor en mis manos, de la inquietud de mis venas, de las discusiones por teléfono sin nadie al otro lado y de la renovada relación con el blog. No se si vuelvo para quedarme o para recoger los restos.